paca al reves

Paca al revés

11,75€

ISBN: 978-84-937441-2-0
Dimensiones: 23 x 21 cm

Paca hace todo al revés. En la cabeza se pone un calcetín, y en los pies, un bombín. Come fabada y sus besos… sus besos… saben a uvas con queso. Pero Paca tiene un gran secreto y lo comparte con los lectores más atrevidos. En este relato nada es lo que parece. Si lo escucha y no lo ve, seguro que más de un lector entiende todo al revés. Un texto ocurrente, disparatado, que sólo podía salir de la imaginación sin límites de Maricuela (María Molina).

Las imágenes de Fran Fonseca, nos regalan un paseo por diversos tonos de naranja, que acompañan la cuidadísima ilustración, llena de matices, detalles y texturas. Texto e imágenes se complementan, nutriendo esta historia de una gran armonía entre ambos lenguajes.

Paca al revés es un libro enérgico y vital, con el que disfrutarán grandes y pequeños lectores.

Autora

María Molina (Maricuela). Soy un cascabel de papel, dos ojos, a veces tres, un bolsillo de membrillo y … mares de palabras, pequeñas, graaaaandes, locas, redondas, lirondas y sinceras cuando cuento mentiras.

Salgo de una maleta, viajo en tren y tengo las orejas del revés, no me preguntes porqués. “Porquesque”…con un lápiz te escribo cuento , con un cuento te canto un canto, con un canto te poemo un poema y con un poema te encanto.

Soy también una turolense que cuenta y escribe cuentos. Cuando era un cacahuete ya devoraba historias, de bocas, de libros, de debajo del colchón …

Antes de dormirme las inventaba, estaban en cualquier rincón. Eran mi alimento. Un día escondieron mis libros de cuentos…Y esa fue otra gran razón para seguir en ello con más pasión. Como motiva entrar en la clandestinidad… Viajé, viajo y viajaré…Y ese fue, es y será otro ingrediente para nutrir esta profesión mía. Porque poco a poco, la pasión se hizo profesión y la profesión nunca ha dejado de ser pasión. Esta es una de las mayores alegrías que me ha regalado la vida…

Ilustrador

Fran Fonseca. Ya la cosa empezó regulín, porque voy y nazco en el mes de la lírica decadente: noviembre, y todos los que nacen por esas fechas son, como dicen en mi pueblo, de un natural melancólico.

De chavalín, ya me daba por mirarlo todo, miraba y me fijaba mucho, además era “despistao”, que son dos buenas condiciones para dedicarse a la lírica. En mis principios, las largas tardes de otoño e invierno, cuando no había calefacción ‹y la tele sólo se veía los domingos y fiestas de guardar‹ me aburría en casa y mi madre me decía: ¿porqué no dibujas algo? y dibujaba algo, ¿qué dibujo?, un caballo, y venga a dibujar caballos… lo que recordaba de las peliculas del oeste, que de esas sí que he visto muchas. Recuerdo, teniendo siete u ocho años, la fascinación por algunas pinturas como el asesinato de Marat, las horas que he metido viendo ese cuadro que me parecía inagotable, todo eran preguntas.

Me daba por dibujar, en los ratos muertos y en el cole, como al parecer se me daba bien, los compañeros me pedían dibujos de coches y recuerdo que desde cuarto de EGB hasta octavo no paré de dibujar coches.

Nunca pensé que me dedicaría a esto, durante mucho tiempo ni siquiera lo consideré. Me ví como astronauta, alfarero, trompetista… pero descubrí que lo más fácil para mí era esto de mirar, mirar y remirar, luego dibujar, colorear e inventar. En los ratos muertos y en los ratos vivos…y así sigo. Pues estupendo.