Fran Fonseca

 

Fran Fonseca. Ya la cosa empezó regulín, porque voy y nazco en el mes de la lírica decadente: noviembre, y todos los que nacen por esas fechas son, como dicen en mi pueblo, de un natural melancólico.

De chavalín, ya me daba por mirarlo todo, miraba y me fijaba mucho, además era “despistao”, que son dos buenas condiciones para dedicarse a la lírica. En mis principios, las largas tardes de otoño e invierno, cuando no había calefacción ‹y la tele sólo se veía los domingos y fiestas de guardar‹ me aburría en casa y mi madre me decía: ¿porqué no dibujas algo? y dibujaba algo, ¿qué dibujo?, un caballo, y venga a dibujar caballos… lo que recordaba de las peliculas del oeste, que de esas sí que he visto muchas. Recuerdo, teniendo siete u ocho años, la fascinación por algunas pinturas como el asesinato de Marat, las horas que he metido viendo ese cuadro que me parecía inagotable, todo eran preguntas.

Me daba por dibujar, en los ratos muertos y en el cole, como al parecer se me daba bien, los compañeros me pedían dibujos de coches y recuerdo que desde cuarto de EGB hasta octavo no paré de dibujar coches.

Nunca pensé que me dedicaría a esto, durante mucho tiempo ni siquiera lo consideré. Me ví como astronauta, alfarero, trompetista… pero descubrí que lo más fácil para mí era esto de mirar, mirar y remirar, luego dibujar, colorear e inventar. En los ratos muertos y en los ratos vivos…y así sigo. Pues estupendo.

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